viernes, 27 de febrero de 2015

Babes Kalea

Le costaba entender la relación espacio-tiempo. Un centímetro de espacio vacío le podía suponer el infinito entero hasta la última centésima de segundo de involución del universo que notaba oprimiendo sus costillas y su cráneo cada anochecer; y una hora de tiempo humano, bien se llenaba de una materia gris viscosa que le nublaba la vista y se metía por su garganta, bien de una brillante luz rosada que le invadía el pecho, según la situación. Los domingos por la tarde solían ser viscosos; la llegada del fin de semana era siempre luz.

Desde que podía recordar todas y cada una de sus reencarnaciones, la vida mundana se le antojó simple, tranquila, confiada. Tenía una visión global no solo de su propio crecimiento, sino también de la evolución al completo, y habiendo superado ya la parte más alta de la campana de Gauss, solo le quedaba disfrutar del paisaje decreciente y destructivo que de manera natural volvería a colocar todo en su sitio, cada cosa en su lugar, y vuelta a empezar.
 
Si el tiempo le era favorable, la brisa no demasiado fuerte, y la postura correcta, estaría en el sitio adecuado en el momento perfecto para deslizarse por el tobogán sin darse un buen culazo. Caída en un solo carril, sola, siempre sola, sin que nadie le sujetara la mano en la bajada. Le gustaba estar sola, y odiaba darse culazos contra el suelo.

El día que miró sin querer la pantalla, su primer impulso fue girar la cabeza, levantarse, y mirar por la ventana. Vio la piedra gris, la placa azul con su nombre, el cielo plomizo que tanto pesaba. Volvió, se sentó de nuevo, y leyó.

Y entonces soltó tu mano porque era invisible y nunca había estado ahí, y el aire no aprieta pero tampoco acaricia, aunque a veces uno se confunda con el espacio y el tiempo, con el volumen y el vacío, y las edades y los minutos, y crea que sí. Acabó olvidando tu risa, y borró las maniobras de camión y las escamas verdes y el papel de aluminio de los edificios de su memoria. Se puso su paracaídas color óxido columpio, y saltó. Saltó por el balcón. Recogió su placa y se marchó.

Hasta la siguiente reencarnación.
O la prórroga.
Rolling over. 

 

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