Le costaba entender la relación espacio-tiempo.
Un centímetro de espacio vacío le podía suponer el infinito entero hasta la
última centésima de segundo de involución del universo que notaba oprimiendo
sus costillas y su cráneo cada anochecer; y una hora de tiempo humano, bien se
llenaba de una materia gris viscosa que le nublaba la vista y se metía por su
garganta, bien de una brillante luz rosada que le invadía el pecho, según la
situación. Los domingos por la tarde solían ser viscosos; la llegada del fin de
semana era siempre luz.
Desde que podía recordar todas y cada una de sus
reencarnaciones, la vida mundana se le antojó simple, tranquila, confiada.
Tenía una visión global no solo de su propio crecimiento, sino también de la
evolución al completo, y habiendo superado ya la parte más alta de la campana
de Gauss, solo le quedaba disfrutar del paisaje decreciente y destructivo que
de manera natural volvería a colocar todo en su sitio, cada cosa en su lugar, y
vuelta a empezar.
Si el tiempo le era favorable, la brisa no demasiado
fuerte, y la postura correcta, estaría en el sitio adecuado en el momento
perfecto para deslizarse por el tobogán sin darse un buen culazo. Caída en un
solo carril, sola, siempre sola, sin que nadie le sujetara la mano en la
bajada. Le gustaba estar sola, y odiaba darse culazos contra el suelo.
El día que miró sin querer la pantalla, su primer
impulso fue girar la cabeza, levantarse, y mirar por la ventana. Vio la piedra
gris, la placa azul con su nombre, el cielo plomizo que tanto pesaba. Volvió,
se sentó de nuevo, y leyó.
Y entonces soltó tu mano porque era invisible y nunca
había estado ahí, y el aire no aprieta pero tampoco acaricia, aunque a veces uno
se confunda con el espacio y el tiempo, con el volumen y el vacío, y las edades
y los minutos, y crea que sí. Acabó olvidando tu risa, y borró las maniobras
de camión y las escamas verdes y el papel de aluminio de los edificios de su
memoria. Se puso su paracaídas color óxido columpio, y saltó. Saltó por el
balcón. Recogió su placa y se marchó.
Hasta la siguiente reencarnación.
O la prórroga.
Rolling over.
