¿Y
qué hacer tras ‘El año de las decepciones’? Cerramos un duro capítulo de
esperas, de pesares y desengaños. Más errores que penas, más desencuentros que
tristezas, puede que gracias a un más que insano y muy probablemente poco responsable,
sentido del humor. Y, a pesar de todo, nada de lo que podamos haber aprendido, valdrá. Bucles y
más bucles, solo depende del lado de la curva en la que estemos. Todo volverá a
repetirse una y otra vez, hasta el infinito. Un ocho perfecto con subida y con
bajada, un columpio con una inercia propia que nos mantiene atrapados, creando
la ilusión de libertad con sus vaivenes, cuando lo único que nos daría
algo de control sería despegarse y saltar, gravedad cero.
Pero,
¿quién quiere estar en gravedad cero? La ingravidez solo es una caída libre
hacia lo desconocido, hacia lo inexacto, hacia un azar injustamente ordenado, o puede que todo lo contrario, hacia una equidad desequilibrada, hacia el todo o la nada. Nuestro organismo lo
rechaza, no estamos hechos para flotar. Uno siente náuseas, dolor de oídos y de
cabeza, de estómago, como si te arrancaran el alma y dejaras de ser humano (¿o quizá
máquina?).
¿Cómo
saber qué es lo correcto entonces?, ¿qué es realmente verdad si uno solo juega desde una única perspectiva? Si
solo has estado de un lado, ¿por qué crees conocer la totalidad?, ¿por qué das
por buena tu parcialidad? Si la clave de la elección no es otra que la
comparación, y no tienes referente alguno, ¿cómo estar seguro de… nada? La
famosa ‘zona de confort’ no deja de ser el arraigo conformista a lo ya
conocido. Un estupendo sistema de autoprotección de nuestro cerebro más
ancestral, pero en ocasiones, inútil. Y ésta, mal que nos pese, es la ocasión.

Me
encanta la idea de malgastar tiempo perdido. Un año de tiempo ya perdido mareado y maleado suena casi espeluznante. Es como una doble negación, un
doblemente absurdo que da un positivo. El positivo es el aprendizaje, pero
inconsciente, el que deja poso sin darnos cuenta. Paradojas, contradicciones, derrotas. ¿A cuánto equivale un año de ese ‘tiempo perdido' en libras de carne? Maldito Shylock, siempre con tanta hambre. Hambre mezquina, pero hambre.
Esperemos
que ese ‘poso inconsciente de aprendizaje’ sea suficiente al menos para romper
el círculo (o para crearnos la ‘falsa ilusión de’). Lo que venga después
siempre llegará tarde (80 milisegundos exactamente, que es lo que tardamos en
percibir nuestro presente), pero llegará.
80, nuevamente el infinito, nuevamente el vacío.
Ese
es mi deseo. Ese, y saltar al precipicio.
