Tanto las ballenas como los
delfines pueden dejarse morir a voluntad propia, sí, así, tal cual. Eso decían en
un documental que vi no hace mucho. Parece ser que estos mamíferos acuáticos
carecen de acto reflejo para respirar, deben pensar primero, luego, actuar. Si
les atacan, si se deprimen (sí, si se deprimen), si están sufriendo,
simplemente pueden tomar su último aliento y, a continuación, abandonar.
Me imagino un mundo en el que pagásemos
con nuestra vida, con nuestra propia existencia (¡casi nada!) un único error,
un olvido, una resaca. Sería un absurdo y ridículo desliz mortal, “¡Ahí va, qué
tonta, hoy olvidé respirar!”; pero también un mundo en el que pudiéramos decidir
no continuar. Decidir. No continuar. Decidir parar.
Evidentemente no hablo de
eutanasia, se entiende, lo que me pregunto es si a los 7 se cumpliría
literalmente aquello de ‘Me enfado y no respiro’ solo porque no has recibido tu
regalo preferido en Navidades; si a los 17 te largarías con tu examen suspenso pensando
que el profesor no tiene ni puñetera idea y que el listo eres tú y, a
continuación, en vez de llenarte los pulmones de nicotina, amoniaco, y demás
venenos asesinos a largo plazo, los vacías hasta el final; si a los 37, en
plena bronca con tu jefe, novio, novia, padre, madre, trabajador de metro X
(mejor no dar nombres), te das media vuelta y desfalleces en un ‘dejar de SER
voluntario’ completamente comprensible, común, generalizado y normalizado en un
mundo ‘balleníl’ sin reflejo auto-protector en lo que a tomar aliento se
refiere.
También decían en ese mismo
documental (http://www.thecovemovie.com/),
que los delfines se reconocen frente al espejo. No se trata de que ‘se vean’,
que vean una imagen de algo o de otro animal, no, se reconocen a sí mismos, tienen autoconsciencia.
¿Cuántas veces te has mirado al espejo y no has sabido identificar a ese
extraño que el reflejo te está vomitando literalmente en tus narices?
Tenemos suerte. Suerte de que
nuestro organismo ‘nos obligue’ a coger aire sin pensarlo, sin esfuerzo, sin
trabajo, ahorrando esa energía para poder pensar en otras cosas. ¿Suerte?
"¿Buena suerte?, ¿mala suerte?, quién sabe…", como se decía en aquel cuento sufí,
o chino, o católico, del labrador y el caballo. ¿Quién puede
saber lo que realmente será buena o mala suerte?
Lo he perdido todo, lo has
perdido todo. Tanto esfuerzo para nada. Tanto sacrificio, tanta paciencia,
tanta lucha. ¿Te ves?, ¿te reconoces? No importa, sigues vivo. Simplemente, RESPIRA. Just breath.
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