martes, 23 de diciembre de 2014

De delfines y hombres

Tanto las ballenas como los delfines pueden dejarse morir a voluntad propia, sí, así, tal cual. Eso decían en un documental que vi no hace mucho. Parece ser que estos mamíferos acuáticos carecen de acto reflejo para respirar, deben pensar primero, luego, actuar. Si les atacan, si se deprimen (sí, si se deprimen), si están sufriendo, simplemente pueden tomar su último aliento y, a continuación, abandonar.
Me imagino un mundo en el que pagásemos con nuestra vida, con nuestra propia existencia (¡casi nada!) un único error, un olvido, una resaca. Sería un absurdo y ridículo desliz mortal, “¡Ahí va, qué tonta, hoy olvidé respirar!”; pero también un mundo en el que pudiéramos decidir no continuar. Decidir. No continuar. Decidir parar.
Evidentemente no hablo de eutanasia, se entiende, lo que me pregunto es si a los 7 se cumpliría literalmente aquello de ‘Me enfado y no respiro’ solo porque no has recibido tu regalo preferido en Navidades; si a los 17 te largarías con tu examen suspenso pensando que el profesor no tiene ni puñetera idea y que el listo eres tú y, a continuación, en vez de llenarte los pulmones de nicotina, amoniaco, y demás venenos asesinos a largo plazo, los vacías hasta el final; si a los 37, en plena bronca con tu jefe, novio, novia, padre, madre, trabajador de metro X (mejor no dar nombres), te das media vuelta y desfalleces en un ‘dejar de SER voluntario’ completamente comprensible, común, generalizado y normalizado en un mundo ‘balleníl’ sin reflejo auto-protector en lo que a tomar aliento se refiere.
También decían en ese mismo documental (http://www.thecovemovie.com/), que los delfines se reconocen frente al espejo. No se trata de que ‘se vean’, que vean una imagen de algo o de otro animal, no, se reconocen a sí mismos, tienen autoconsciencia. ¿Cuántas veces te has mirado al espejo y no has sabido identificar a ese extraño que el reflejo te está vomitando literalmente en tus narices?
 
Tenemos suerte. Suerte de que nuestro organismo ‘nos obligue’ a coger aire sin pensarlo, sin esfuerzo, sin trabajo, ahorrando esa energía para poder pensar en otras cosas. ¿Suerte? "¿Buena suerte?, ¿mala suerte?, quién sabe…", como se decía en aquel cuento sufí, o chino, o católico, del labrador y el caballo. ¿Quién puede saber lo que realmente será buena o mala suerte?
Lo he perdido todo, lo has perdido todo. Tanto esfuerzo para nada. Tanto sacrificio, tanta paciencia, tanta lucha. ¿Te ves?, ¿te reconoces? No importa, sigues vivo. Simplemente, RESPIRA. Just breath.

 
 
 

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